PRIMER DEBATE 2016 EN TLAXCALA

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Por: Jesús Cuamatzi V.

“El Tecamachalco”

Foto: Comunicación Social ITE.

Tlaxcala, Tlax., 25 de abril de 2016.

 

Sin argumentación de fondo y con propuestas comunes, las candidatas y candidatos al Gobierno de Tlaxcala participaron en un debate que se desarrolló sin la fuerza y la dinámica que exigía un ejercicio democrático de este tipo.

Sin estrategia discursiva, con una indebida lectura de tarjetas llenas de cifras y la recreación innecesaria de sus narrativas publicitarias, cada uno de ellos intentó fallidamente conectar con la audiencia que siguió el debate por TV, radio e internet.

Las redes sociales fueron el escenario del pos-debate donde todos los equipos de campaña declararon como ganadores a sus respectivos candidatos. Unos y otros ofrecieron ruedas de prensa, realizaron caravanas de autos o celebraciones populares, por el “éxito” del debate.

La organización

La Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales (LGIPE) establece que los candidatos a Gobernador tienen la obligación de debatir en por lo menos dos ocasiones. La legislación electoral estatal, en concordancia con la LGIPE señala puntualmente que los candidatos al Gobierno de Tlaxcala, deberán participar en este ejercicio democrático que tendría como propósito, que los ciudadanos tengan los suficientes elementos que les permitan emitir un voto razonado.

Sin embargo, bajo el argumento de la falta de suficiencia presupuestal y la inexperiencia para seleccionar un modelo de debate adecuado para la participación de ocho candidatos; los consejeros del Instituto Tlaxcalteca de Elecciones y las candidatas y candidatos al gobierno del estado, se anticiparon en señalar que este primer debate tendría una función de aprendizaje, que el tiempo de cada ronda era insuficiente y que el modelo seleccionado limitaba la confrontación de ideas –en esto radica el espíritu de un debate- y que por lo tanto resultaría acartonado.

¿Y el debate?

Con la omisión del moderador de presentar oportunamente a la candidata de MORENA, Martha Palafox y una lectura titubeante al citar a los partidos políticos estatales; Salvador García Soto inició la conducción de un debate, que tuvo como escenario al Teatro Xicohténcatl, de la ciudad capital.

El modelo de debate contempló una primera ronda para exponer las propuestas de gobierno y una segunda de réplica, para cada uno de los temas que fueron: educación y seguridad. Al cierre del debate se concedió una ronda final y única de conclusiones.

Martha Palafox de Morena y Edilberto Algredo de Movimiento Ciudadano, usaron una exposición de ideas que se escudó en la crítica a las reformas del Pacto por México y en exponer los logros en sus trayectorias como representantes populares. Abusaron de la lectura de tarjetas y desarrollaron una retórica de izquierda clasista que tuvo como estrategia, tratar de dividir a los políticos entre progresistas y conservadores.

Felipe Hernández del PAC sorprendió a muchos por prescindir de la lectura y exponer de forma natural sus ideas, sin titubeos ni descalificaciones, mostró sus conocimientos sobre los problemas de Tlaxcala. Fue el último en sumarse a la carrera por la gubernatura, pero se mostró como un candidato competitivo.

Diferente es el caso del Candidato Independiente Jacob Hernández Corona, quien hizo una apresurada lectura de sus anotaciones y evitó la mayor parte del tiempo el contacto visual con las cámaras y los demás contendientes.

Federico Barbosa del Partido Encuentro Social, no pudo argumentar usando su trayectoria, a pesar de ser un actor político con amplia experiencia y de auto presentarse en sus eventos como un político que sabe cómo hacer las cosas. En el debate no logró usar su vida como servidor público y representante popular para convencer a la audiencia.

Lo que pudo ser y no fue

En fechas recientes se hizo pública una encuesta de la empresa Gabinete de Comunicación Estratégica, en ella se presenta un fenómeno especial. Más allá de los resultados que ubican a los 3 punteros de la elección, la encuesta muestra que el voto de los tlaxcaltecas aún no se ha dividido como muchos auguraban. Es una elección con tres punteros, como ha señalado Roy Campos de Consulta Mitofsky. Cuando se aprobaron los registros de los ocho candidatos a gobernador, diversos analistas políticos y dirigentes de partido, señalaban que el voto se dividiría y que el candidato de la Coalición PRI-PANAL-PVEM-PS obtendría una ventaja considerable. No obstante, la encuesta no muestra la vaticinada fragmentación de la intención del voto.

El debate pudo ser el escenario que cambiara las preferencias electorales y los tres candidatos dejaron pasar dicha oportunidad.

El Candidato de la Coalición PRI-PANAL-PVEM-PS, Marco Antonio Mena, inició sus intervenciones con la narrativa publicitaria de sus spots que recorren las redes sociales, en los cuales busca que los electores lo conozcan. Tratando de mostrarse como el ganador del debate al señalar que los demás candidatos coincidían con sus propuestas, vacilante en el tema de seguridad y con moderadas intervenciones en sus fases de réplica al llamar populistas a los demás candidatos; se vio falto de la argumentación que algunos esperaban por sus estudios en el extranjero y su preparación en el manejo de indicadores. Evasivo y sonriente al cierre de sus mensajes, le faltó conectar y persuadir de manera contundente.

La candidata del PRD, Lorena Cuéllar, se vio poco favorecida por el maquillaje utilizado, viéndose agotada en el desarrollo, por lo que las críticas en las redes sociales no se hicieron esperar. Con problemas de dicción, una lectura poco eficiente y mandando alusiones directas, le faltó fuerza para convencer. No logró focalizar su retórica en torno a un solo candidato y eso le restó energía. Tratando de usar su trayectoria y sus logros en su vida política para convencer a la audiencia, la falta de secuencia lógica en la construcción de sus argumentos, la hizo verse poco clara y sus ataques poco contundentes.

Adriana Dávila del PAN, perdió el control de la velocidad y el ritmo en sus intervenciones, abusó por momentos de su expresión corporal usando ademanes innecesarios, y el volumen de su voz hizo que sus argumentos se perdieran entre el discurso de campaña o la impostación de voz que exigía un verdadero debate. Sus propuestas no expusieron mecanismos de implementación, que serían exigibles para con ello marcar la diferencia frente a los demás candidatos. Reactiva ante las alusiones de Lorena Cuéllar y sin definir una estrategia central, dejó pasar el debate como un evento ocasional.

¿Quién ganó?

El post debate estuvo centrado en actos triunfalistas y declaraciones democráticas por todos los candidatos. Las redes sociales fueron la caja de resonancia donde los simpatizantes de cada candidato se declaraban ganadores y al mismo tiempo satirizaban a los otros. Con propuestas comunes y señalamientos tibios, escudándose en el modelo de debate, ninguno entró a la verdadera confrontación de ideas y propuestas. La audiencia del debate se concentró en la clase política estatal, en los militantes de los partidos políticos y los simpatizantes de los candidatos. Al debate le faltó la participación de los ciudadanos de a pie, la difusión fue escasa y falta de creatividad y, desde luego, faltó un verdadero debate entre los candidatos.

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