DEMOCRACIA, PARTICIPACIÓN Y TIC

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Por: Karlo Chavarría.

Tlaxcala, Tlax., 2 de mayo de 2016.

Antes de empezar, debemos decir que la democracia no sólo es una forma de gobierno en la que los ciudadanos escogen a los gobernantes o dirigentes que los representarán en la conducción del país, estado o municipio cada seis o tres años.

De acuerdo con Sartori, el acto democrático por antonomasia es el voto en las diferentes elecciones, pero el sistema democrático ha de ir mucho más allá, realmente se quiere que haya una ciudadanía participativa, interesada en la política.

Los alcances de la democracia se han ido enriqueciendo en su proceso histórico, y en su constante redefinición se le han atribuido diversas características, hoy solo hablaré de la transparencia, rendición de cuentas e inclusión social.

Hoy resulta impensable un sistema que se precie de ser democrático que no se abra al escrutinio público, menos aún, que no justifique ante la sociedad el porqué de las decisiones tomadas y la inclusión de la sociedad en la toma de decisiones.

Estos elementos son imprescindibles dentro de una democracia moderna ya que la publicidad de la información que generan las autoridades, ya sea a petición o proactivamente, y la rendición de cuentas, facilitan los elementos mínimos necesarios a la sociedad para la participación y la toma de decisiones.

En el horizonte político de América Latina, la democracia emerge de entre los regímenes autoritarios y dictaduras, dejando atrás etapas violentas e inestables como lo fueron los regímenes político-militar que se dieron en el siglo XX. Así la democracia obtuvo el consenso como la forma de gobierno más deseable estableciéndose si no como el modelo perfecto de organización político-social, sí como el menos malo de todos.

De ahí la búsqueda de su perfectibilidad, y ante la caída de las visiones políticas que se construyeron en el último tramo del siglo XX y la dicotomía entre democracia formal y democracia sustancial, dio paso, como diría Antonella Atilli, a la construcción de un modelo antiverticalista, antiautoritario y descentralizador, lo que conocemos como democracia moderna.

Queda claro el triunfo de las democracias representativas en América Latina durante las últimas décadas, pero en cuanto las características  de una democracia moderna como, participación ciudadana, gobernanza, gobernabilidad, legitimidad, transparencia, rendición de cuentas, entre otros, aún pisan un terreno inestable; ya que los gobiernos no han sabido adaptarse a las exigencias contextuales propios de esta creciente sociedad cada vez más informada pero sobre todo intercomunicada.

Una democracia moderna supone la posibilidad del control del desempeño de las instituciones públicas que conforman el Estado por parte de diversos sectores la sociedad organizada y exige la rendición de cuentas de forma efectiva, esto es, que deben existir contrapesos al ejercicio del poder.

Es decir, debe existir un dialogo bidireccional entre Estado-sociedad en donde juntos implementen mecanismos de co gobierno y co responsabilidad; en otras palabras, una democracia participativa.

Ahora, con la evolución de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC), y las tendencias ascendentes en el uso de herramientas digitales como las plataformas de las redes sociales, le ha presentado un colosal reto a los gobiernos, el de evolucionar al mismo ritmo que éstas para su utilización en una democracia con estas características.

Cada vez es más usual el aprovechamiento de las TIC para que los ciudadanos actúen colectivamente sobre lo público, porque las sociedades cada vez tienen mayores necesidades de formar parte en la toma de decisiones que los involucren directa o indirectamente, y los gobiernos no pueden pasar por alto las herramientas tecnológicas que han redefinido el espacio de lo público.

Por ello las formas de interacción Estado-sociedad no solo deben hacer uso de las TIC para fomentar una nueva forma de participación ciudadana, sino deben romper con los viejos paradigmas en donde resultaba incomoda la intromisión y permeaba un ambiente de secrecía.

En este sentido, para echar a andar el andamiaje de esta nueva forma de gobernanza, es necesario la transparencia y el complejo sistema de rendición de cuentas, así como voluntad política, y  la ruptura de paradigmas comunicativos, que instrumentalice herramientas de la web como redes sociales, y facilitar una efectiva comunicación entre Estado y sociedad bajo el principio de la inmediatez.

Trataré de justificar la importancia de una comunicación con estas características acudiendo a Luhmann: los canales de comunicación, cargados de un mensaje codificado que involucra forzosamente el signo lingüístico con sus dos binomios tanto el significante como el significado  otorga un sentido al contenido en el proceso comunicativo, mismo que genera conciencia y orienta la acción social. Así, podemos afirmar que la conciencia no existe en estado puro, está relacionada con gente, objetos, instituciones, y en la forma que se establezca la comunicación entre ellos.

De ahí la relevancia de generar canales de comunicación más efectivos y con mayores alcances en los sectores sociales; tanto por la conciencia que se generaría a partir del uso práctico de esas herramientas, que hoy en día son de uso común, como funcionales en su socialización.

Relacionándolo con lo que antes definimos como democracia participativa si la lógica de las democracias modernas son tanto la transparencia, la rendición de cuentas y la participación, el uso de herramientas como las redes sociales puede y debe coadyuvar en el logro de esos objetivos.

Debido a la informalidad que tienen como característica las redes sociales, resulta para acción política formal y sus instituciones, inimaginable su aplicación de manera seria en el reforzamiento de la transparencia o la rendición de cuentas y mucho menos para una participación seria de la sociedad en asuntos públicos porque existen diversos riesgos.

Hasta ahora, las redes sociales han servido a una creciente sociedad informada para organizarse y exigir a sus autoridades algún problema específico, pero no se ha logrado aterrizar en una práctica reconocida como dialogo bidireccional y menos han logrado ser tomadas en cuenta por autoridades.

Sin embargo, desde hace más de dos años, que he venido insistiendo en que el alcance que estas herramientas digitales ofrecen, es por mucho, superior a las medidas de acercamiento y vinculación tradicional entre alguna entidad con las personas y debe comenzar a pensarse cómo aprovecharlas.

Sólo hagamos un ejercicio en la imaginación y pensemos en el nivel de empoderamiento de la información que tendríamos: un ciudadano a través de Facebook, Twitter, WhatsApp o una aplicación diseñada con este fin, solicitando información a sus gobernantes y recibiendo respuesta en tiempo real, evitando todo el trámite burocrático ¿Imaginan el alcance que una política de transparencia de esta magnitud tendría? O mejor aún, imaginemos el otro lado del escenario, una institución con una política de transparencia proactiva, publicando constantemente al menos la información mínima de oficio a través de estas herramientas,  llegando en segundos a miles de usuarios sin que estos medien solicitud alguna.

Por supuesto que hay que considerar, para los fines del derecho de acceso a la información los contenidos procedimentales que marca la ley, como es el caso de la interposición de un recurso de revisión en caso de no ser atendida una solicitud por estos canales. Pero esto será parte de la siguiente reflexión.

@k_arlo_

joankarlo.chavarria@gmail.com

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